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Tristan da Cunha, vida en la isla más remota del mundo

Barra libre de mojitos y fiesta hasta el amanecer con bellos bronceados al sol. Si esto es lo que te viene a la cabeza al leer Isla, Tristan da Cunha no es tu destino. Visitar

Tristan da Cunha

Barra libre de mojitos y fiesta hasta el amanecer con bellos bronceados al sol. Si esto es lo que te viene a la cabeza al leer Isla, Tristan da Cunha no es tu destino. Visitar este remoto paraje perdido en lo más profundo del Océano Atlántico supone disfrutar de un aislamiento para guardar nuestros gadgets tecnológicos en la mochila y vivir en estado puro todas las experiencias que nos puede ofrecer este paraje. Tristan da Cunha no dispone de servicios básicos como hoteles, restaurantes (hay un pub) y  pago con tarjetas de crédito. Sus playas no son muy recomendables para darse un bañito por la temperatura y mareas. Las bondades de este clima nos brinda entre 16 y 26 días con lluvia al mes.

 

Sin embargo, dando una patada a todos esos servicios, en Tristan da Cunha podrás disfrutar de un entorno natural con un gran volcán en medio de la isla, y vivir una intensa sensación de aislamiento, aquí el sentido del tiempo corre en otra frecuencia. Si pensabas que las tardes de verano en los pueblos de interior de Castilla se te hacían eternas, eso es que no has probado a darte una vueltecita por aquí.

 

Tristan da Cunha pertenece al Territorio Británico de Ultramar de Santa Elena y Ascensión. Se trata de varios archipiélagos divididos entre la Isla de Santa Elena (122 km2) y dos dependencias de ésta: Ascensión (91 km2) y Tristan da Cunha (207 km2). Tristan da Cunha es un archipiélago formado por su isla principal y la deshabitada Nightingale y Gough, habitada únicamente por 12 miembros del programa antártico sudafricano.

 

 

Estas islas fueron descubiertas por un navegante portugués (Tristao da Cunha) en 1506, pero no estuvo habitada de un modo permanente hasta más de 300 años después, cuando la Corona Británica se las llevó al bolsillo con el motivo de impedir que los franceses organizasen una expedición para liberar a Napoleón Bonaparte, que estaba “disfrutando” de su exilio en Santa Elena, a más de 2000 km al norte

 

Cada habitante de Tristan da Cunha (262 en el último Censo el 22 de Enero de 2017) vive en el único asentamiento de la Isla, Edimburgo de los Siete Mares. Establecido a principios del S.XIX, el pueblo se encuentra en la costa norte y alberga a 70 familias, todas ellas agricultoras y pesqueras. La electricidad es suministrada por generadores, y la carretera para llegar a la villa está formada por un sendero estrecho y sinuoso flanqueado por vacas y cabañas. Los acantilados, junto con las nieblas que se forman le dan a Edimburgo un aspecto nebuloso y aún un poco más aislado, Stephen King podría crear una novela interesante aquí.

Tristan da Cunha

La vida aquí es acorde con lo que nuestros médicos nos recomiendan: pacífica, poco estrés (a menos que el volcán decida entrar en erupción), aire sin polución y nada de tráfico. En 1961 el volcán despertó y como consecuencia, toda la población fue enviada a Londres vía Ciudad del Cabo. No consiguieron adaptarse al estilo de vida Londinense, por lo que la mayoría volvió dos años más tarde después de conseguir el visto bueno de los geólogos que habían visitado la isla después de la erupción.

 

Actualmente la vida en Tristan da Cunha es un ejercicio de paciencia y planificación. Hay una tienda de comestibles, pero los pedidos deben ser realizados con meses de antelación para que las mercancías puedan cargar en los buques de pesca programados y entregarlos. El mal tiempo puede causar retrasos, por lo que es imposible aterrizar en la isla. Sanitariamente existe un hospital equipado con máquinas de rayos X, un paritorio, quirófano, sala de urgencias y centros de tratamiento dental. Los pacientes que requieran un tratamiento más específico deben ser evacuados a Sudáfrica o el Reino Unido.

 

Aparte de la agricultura y la pesca, los residentes obtienen un ingreso extra vendiendo souvenirs, artesanía y sellos. Uno de los recuerdos más distintivos son los tradicionales “calcetines del amor” tejidos por las mujeres de la isla. El tamaño y número de rayas en cada par de calcetines denota un significado particular de “amigos para siempre” a “en cabeza sobre los talones en el amor”.

 

Si deseas vivir la experiencia de Tristan da Cunha tendrás que estudiar el calendario de viaje meticulosamente y dejar tiempo suficiente tanto en la ida como en la vuelta, allí no existe aeropuerto y todo depende de las condiciones climatológicas. Lo primero que tienes que hacer es escribir al Consejo Insular y especificar cuándo planeamos ir, donde nos vamos a hospedar (no existen hoteles, tendrás que hospedarte en alguna casa de los residentes) y el motivo de la visita.

 

Una vez que las autoridades locales han aceptado tu solicitud, tendrás que sacarte un vuelo a Ciudad del Cabo, dirigirte al puerto en la Bahía de la Mesa y elegir 2 opciones:

 

 

Si el barco está lleno tendrán preferencia los residentes, oficiales, o médicos. Tú te quedarás en tierra y tendrás que esperar turno al siguiente barco, donde puede tardar hasta un mes en zarpar de nuevo. No esperes un crucero por el Mediterráneo, las comodidades en este tipo de embarcaciones son básicas y limitadas. Si vas a viajar en el barco de 12 pasajeros tendrás un solo baño para todos, una sala para ver la televisión y un par de sillas en cubierta para disfrutar del viaje viendo el mar. Como la isla no tiene un puerto con tamaño suficiente para que atraquen los barcos, tendrás que atracar a unas millas de distancia y los pasajeros deben llegar a la isla en lanchas o pequeñas embarcaciones

 

¿Y ahora qué hacemos? Lo primero quitarte el reloj, nuestro objetivo era desconectar del mundo y alejarnos de todo, ya has llegado a destino.  Date un paseo, contrata a un guía local y date un paseo por el volcán que tiene más de 2.000 m de altura, y cuando acabes te da una vuelta por el pub Albatross para tomar unas pintas y charlar con la población local. Al día siguiente más de lo mismo, paseos, charlas y pintas. Todos los habitantes son descendientes de las primeras familias que fueron a vivir a Tristan da Cunha, el asma y el glaucoma son endémicos, por lo que no es extraño encontrarse algún genetista realizando estudios sobre enfermedades y patrones de transmisión.

Has pasado unas jornadas maravillosas y te planteas salir en TV presumiendo de calidad de vida, vete buscando otro lugar porque aquí no serás admitido. En Tristan da Cunha la tierra es comunal, y a cada familia se le asigna un lote, de manera que la acumulación de riqueza individual es bastante complicada. Los pastos también están regulados para preservar el equilibrio natural.

 

El calvario para regresar a casa es igual de difícil que la ida, puedes tener reservado el billete de vuelta, pero el mar puede jugar en tu contra y hacer que el barco se retrase unos días. Acuérdate de llevar dinero de sobra porque la tarjeta de crédito no funciona en esta isla.

 

A pesar de todo, viajar a Tristan da Cunha puede ser una experiencia de principio a fin, lo último es la Isla en sí, porque programar un viaje de este tipo es algo que tienes que preparar al menos con un año de antelación y dejarte cobertura de todos los contratiempos: climatológicos, logísticos, económicos, etc. Un estrés que se verá recompensado por una inyección de tranquilidad.

 

Referencias

http://www.slate.com/blogs/atlas_obscura/2014/09/23/tristan_da_cunha_the_world_s_most_remote_inhabited_island.html

http://www.tristandc.com/index.php

https://blogdebanderas.com/2015/11/05/tristan-de-acuna-llegar-es-muy-dificil-quedarte-es-imposible/

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