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¿Desde cuándo utilizamos los cubiertos?

Estamos tan acostumbrados a ellos que algo tan cotidiano como comer con la cuchara o el tenedor nos parecen que llevan ahí toda la vida y no tiene más historia que nuestra experiencia personal con

Estamos tan acostumbrados a ellos que algo tan cotidiano como comer con la cuchara o el tenedor nos parecen que llevan ahí toda la vida y no tiene más historia que nuestra experiencia personal con ellos, pero tienen una larga trayectoria a través de los siglos donde han tenido las más diversas y curiosas historias. La cuchara ha sido usada desde tiempos paleolíticos, ya en aquella época los hombres prehistóricos se las ingeniaban para unir las conchas con trozos de madera para formar una rudimentaria cuchara. Miles de años más tarde, en Mesopotamia y Egipto las cucharas eran creadas con mangos tallados. Muchas de esas cucharas tenían una función para diversas actividades médicas o ceremoniales.

El término cuchara proviene de la antigua Roma, donde existía un utensilio denominado cochlea. Su mango delgado permitía pinchar trozos de comida, haciendo también de tenedor.

Practicamente hasta el siglo XIX la cuchara, junto con el cuchillo, era el único instrumento utilizado en las comidas y su fabricación era casi exclusivamente de madera para las clases menos pudientes. A partir del S. XX, la fabricación industrial desarrolló piezas de diferentes materiales. Desde el siglo XIV adquirieron la forma actual, ya que antes eran bastante planas.

 

Aunque los orígenes parece que no están demasiado claros, la mayor parte de los documentos consultados coinciden en que el tenedor, puede tener su origen en el siglo XI, como un pincho, de un solo diente (aunque hay quienes afirman que podría haber sido de dos), que mandó fabricar una Princesa Bizantina llamada Teodora, hija del Emperador de Bizancio, Constantino Ducas.

 

Este utensilio, fue fabricado para poder llevarse los alimentos a la boca, sin necesidad de tener que utilizar las manos. Cuentan, algunos autores, que este “pincho” fue fabricado en oro puro.

 

Pero sus comienzos no fueron fáciles. Este nuevo instrumento, proveniente de Constantinopla, sufrió un rechazo generalizado, por diversos tipos de razones, aunque la principal fue por la falta de pericia de quienes lo utilizaban. Las habilidades mostradas con el tenedor por muchas personas no eran dignas de elogio. Se pinchaban la lengua, las encías, los labios … lo utilizaban a modo de mondadientes, para rascar y hurgar … Llego a denominarse “instrumento diabólico” por San Pedro de Damián, quien consideraba demasiado refinada la utilización del tenedor en las comidas.

 

Parece ser, que el Rey Enrique III, fue uno de los precursores entre los años 1.574 a 1.589, tratando de extender el uso de este utensilio en su refinada corte francesa, con alguna pequeña variante respecto del modelo original, pues contaba con dos dientes y un mango algo más amplio.

 

En el siglo XVII, y como avance a su generalización en toda Europa (finales del XVIII y principios del XIX), el descubridor y experto viajero Británico Mr. Thomas Coyat, en uno de sus viajes a Italia conoce este nuevo utensilio. En alguno de sus diarios pueden recogerse referencias a este nuevo cubierto: “Muchos italianos se sirven de un “pincho” para no tocar los alimentos, para comer los espaguetti, para tomar la carne … No es nada refinado comer con las manos, pues aseguran que no todas las personas tienen las manos limpias”. Y ante el asombro de todos, Mr. Coyat, se lleva esta costumbre a la tradicional Inglaterra.

 

Con posterioridad a Enrique III, Carlos V de Francia, en un viaje a Venecia descubre el uso del tenedor. Pero dada su “fama” de afeminado y refinado, fue considerado un objeto cursi y de personas afeminadas.

 

En Europa podemos decir que su uso se generaliza a partir de finales del siglo XVIII o principios del XIX, dependiendo de los países, extendiéndose después al resto del mundo, en muchos de cuyos lugares se utilizan utensilios similares.

 

En España, aunque su uso se generaliza al principio del siglo XIX, se tienen algunas referencias del siglo XIV, en el que los maestros trinchadores ya utilizaban un gancho o pincho, del que se hace referencia en la obra “Arte Cisoria” de 1.423, donde el Marqués de Villena hace esta descripción:Utensilio de tres puntas, donde la primera tiene dos, y sirve para sujetar la carne que se ha de cortar, o para la cosa que ha de tomarse”. También, se cuenta que el Emperador Carlos V lo había utilizado en ciertas ocasiones, y que Felipe III, fue otro de los descubridores del tenedor en España allá por el siglo XVII.

 

Hasta principios del siglo XX, cuchillos, tenedores y cucharas eran el calvario del ama de casa, puesto que se requería un gran esfuerzo para mantenerlos brillantes. Las cuberterías se fabricaban con una aleación de carbono y acero, que procuraba un producto sólido y duradero, pero que rápidamente perdía su brillo. Para conservar una semejanza de su brillo original, la cubertería había de ser frotada una y otra vez con un corcho seco y con estropajo de acero.

 

El gran acontecimiento en la cubertería se produjo con el invento del acero inoxidable. En 1820, un metalúrgico francés, Berthier, observó que cuando el acero al carbono se aleaba con un metal como el cromo, producía un material resistente al óxido.

 

Sin apreciar del todo la importancia de su descubrimiento, Berthier abandonó sus investigaciones, que fueron continuadas por unos científicos británicos quienes en 1913 alearon el cromo, elemento puro, con una variante del acero al carbono de Berthier, llamado acero al carbono 35, y produjeron un acero que conservaba su brillo y merecía el nombre de inoxidable.

 

El año siguiente, los Krupp, fabricantes alemanes de acero y armamento, presentaron un acero inoxidable que contenía cromo y níquel. Al principio, tanto en Gran Bretaña como en Alemania, las aplicaciones industriales de esta aleación oscurecieron sus posibilidades en la cocina. Hasta 1921 no se fabricaron las primeras cuberterías de acero inoxidable, en la Silver Company de Meriden, Connecticut, pero no fueron tenedores o cucharas, sino cuchillos, y de un modelo al que la empresa dio el nombre de «Ambassador».

 

Su propio brillo fue su mejor publicidad. Los hoteles y restaurantes norteamericanos, al calcular las horas y los dólares consumidos pulimentando el acero al carbono, encargaron toda la cuchillería de sus cocinas y comedores de acero inoxidable. Aparecieron en las revistas anuncios que parecían prometer lo imposible: «Siempre relucientes. Se acabó el óxido. No hay capa que pueda desgastarse. Es acero inoxidable, sólido y resplandeciente»

 

En los años treinta, Gimbel’s y Macy’s, en Nueva York, ofrecían cuberterías de acero inoxidable a diecinueve centavos la pieza, y otro incentivo para la compra del nuevo producto fue la aparición de los mangos, de dos tonalidades, fabricados con una nueva y duradera materia plástica resistente al calor, llamada baquelita.

 

Incluso entre las familias más acomodadas, la cubertería de acero inoxidable se convirtió en un formidable rival de la plata, que durante tanto tiempo había mantenido su puesto de prestigio en la mesa.

 

 

 

 

Referencias:

https://www.protocolo.org/miscelaneo/reportajes/historia_del_tenedor_su_origen_historia_curiosidades_usos_evolucion.html

http://usuaris.tinet.cat/vne/CC_mesa_01.htm

http://www.grupocrisol.com/sugerencias/curiosidades/cuberteria/origen_de_los_cubiertos/2/

info@saboresytexturas.com

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